En la religión griega, los héroes no eran simples personajes literarios. El culto heroico formaba parte de la práctica religiosa, se honraba a ciertos muertos poderosos, fundadores, guerreros o figuras excepcionales, a quienes se les ofrecían ritos, sacrificios y memoria comunitaria. Heracles superaba incluso esa categoría, porque podía ser venerado como héroe y también como dios.
Jacob Grimm y Wilhelm Grimm fueron filólogos, bibliotecarios, profesores, estudiosos de la lengua, recolectores de tradición oral y, sobre todo, hombres de una época convulsa. Jacob nació en 1785 y Wilhelm en 1786, en Hanau, en una Alemania que todavía no era una nación unificada, sino un territorio fragmentado en principados, reinos, ciudades libres y zonas de influencia. Ambos vivieron las guerras napoleónicas, la ocupación francesa y el auge del Romanticismo alemán.
Edgar Allan Poe nació en 1809, en Boston, pero su verdadera patria fue siempre la noche, la pérdida, la imaginación y ese territorio incierto donde la razón comienza a escuchar ruidos de otros mundos.
No pocas veces nos dejamos convencer que la mitología pertenece al pasado, a los pueblos antiguos, a los templos caídos, a las hogueras, a los cantos tribales o a los libros que duermen en los estantes. Pero el mito sigue aquí. Está en las cartas que jugamos, en los monstruos que imaginamos, en los héroes que admiramos, en los miedos que heredamos y en las preguntas que todavía no sabemos responder.
La escritura, investigación y edición de nuestro querido juego es una mezcla de lectura, investigación, imaginación y método. Como debes sospechar, distintos temas deben ser abordado con diferentes estrategias
Mitos y Leyendas siempre ha sido mucho más que un juego de cartas. Desde sus primeras etapas, ha mantenido un vínculo profundo con la tradición literaria, con los grandes relatos del mundo antiguo, con las novelas y cuentos que dieron forma a nuestra imaginación de lo fantástico, lo heroico y lo monstruoso.