Antes de ser Inglaterra, la isla era un mosaico de reinos anglosajones: Wessex, Mercia, Northumbria, Anglia Oriental, Kent y otros territorios menores, unidos a veces por la lengua, la fe cristiana y ciertos lazos culturales, pero separados por ambiciones, linajes y fronteras. En ese mundo, los reyes no gobernaban una nación moderna, sino dominios frágiles, defendidos por juramentos personales, fortalezas, campesinos armados y nobles guerreros.