Hathor era de la danza, del gozo, de la sexualidad y de la embriaguez ceremonial, una divinidad celeste, funeraria, maternal y solar. Podía recibir a los muertos en Occidente, proteger al faraón, encarnar el Ojo de Ra y aparecer como la gran vaca del cielo. En torno a ella se reúnen algunas de las ideas fundamentales de la religión egipcia, el nacimiento, la destrucción, la renovación y, claro, el regreso.