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Ra, El Sol creador

La mitología egipcia tiene varias ramas dependiendo del tiempo y el espacio, es decir, de cada faraón y de cada ámbito geográfico del norte de África con relación a lo que hoy conocemos como Egipto. Podemos afirmar hoy que os antiguos egipcios no tenían un mito de creación único. Las historias de cómo llegó el mundo a ser varían a través del tiempo y también difieren según el lugar.

Atum, Ra, Amón y el mismo Ptah se disputan el título de dios creador, sin embargo el dios solar más popular entre nobles y plebeyos fue Ra. El sol es el dador de vida, controlando la maduración de las cosechas que fueron trabajadas por el hombre. Debido a las cualidades vivificantes del sol, los egipcios adoraban al sol como a un dios. Creador del universo y dador de vida, el sol o Ra representaba la vida, el calor y el crecimiento. Dado que la gente consideraba a Ra como un dios principal, creador del universo y fuente de vida, tenía una fuerte influencia sobre ellos, lo que lo llevó a ser uno de los dioses egipcios más adorados e incluso considerado Rey de los Dioses.

La Historia de Ra

En un principio no había nada, solo tinieblas de una densa oscuridad. Solo había oscuridad, y un enorme mar oscuro y proceloso que lo sustentaba y contenía todo: Nun, el agua eterna e infinita, que tenía tal poder que hizo brotar de sí un enorme huevo brillante y dorado. Del huevo nació el esplendoroso Ra. Ra era todo y era nada, podía tomar cualquier forma y desvanecerse después.

No había otra cosa que Ra y la nada, hasta que Ra habló, uso el verbo y se dio cuenta de que lo que hablaba se convertía en realidad, en cosa, en forma, en ser. Y Ra dijo: “Al amanecer me llamo Khepri, al mediodía Ra y al atardecer Atum”; y así emergió el Sol y lo iluminó todo. Hubo el nuevo amanecer, el mediodía y el atardecer, y luego la noche oscura, que pasado cierto tiempo desaparecía ante la presencia del Sol, y así se iniciaron los ciclos de la noche y el día.

Luego nombró a Shu, el viento, para que las cosas tuvieran movimiento y fluyeran entre la noche y el día. Y entonces Ra nombró a Tefnut, la lluvia, y las gotas empezaron a esparcirse por todo el mundo y a formar el gran mar. Ra habló y dijo Geb, la tierra firme, y para acompañarla en sus noches llamó a Nut, la diosa del firmamento, que arqueó su cuerpo sobre Geb para darle el brillo y el esplendor de las estrellas.

El mar quedó a un lado y la tierra al otro, quedando seca y desvalida. Entonces Ra nombró a Hapi, el Nilo, y este abrió una brecha para recorrer y fertilizar todo un largo territorio que se perdía hasta el corazón de la tierra seca. Así fue nombrando y creando todo lo que hay en el mundo, en sus aguas y en su interior.

Los dioses que lo acompañaban primero salían de su verbo. Pero luego, agotado el verbo, salían de su pene y de su mano, de su saliva y de su sudor. Por eso Ra nombró a Hathor, y tuvo esposa, hija y hermana, y de ella  nacieron dos hijos que se perdieron por el mundo sin que los pudiera encontrar por más que alzara la voz, por lo que temía que el mal los hubiera engullido. Tras un tiempo de dolor y desesperación, sus hijos, hembra y macho, aparecieron sanos y salvos, y fue tanta su alegría que lloró abundantemente. Y de sus lágrimas surgieron los primeros seres humanos. Entonces Ra tomó forma humana y se asentó en la Tierra gobernando con amor y sabiduría a los humanos, conduciéndolos por el camino del bien y apartándolos del camino del mal con firmeza, pues en ellos todavía no había conciencia y, aunque lo adoraran, necesitaban un guía que les indicara el sendero correcto.

Como humano era gigantesco comparado con los hombres, pero humano al fin y al cabo, empezó a menguar y a envejecer, y su creación comenzó a faltarle al respeto. Lo adoraban y le rendían culto, pero ya no le temían ni hacían caso de sus consejos. Apofis, el caos maligno primigenio, siempre estaba al acecho y molesto por el exceso de luz, con deseos de volverlo todo a la oscuridad primaria. Apofis nadaba en el mar primordial de Nun, envidiando a Ra, que vivía entre los hombres adorado y contento, por lo que promovió el caos en el corazón de algunas deidades y hubo una terrible guerra en los cielos que le cambió el rostro a la Tierra. Ra, viejo y cansado en su forma humana, sin ganas de luchar contra los ardides de Apofis y decepcionado de su obra, nombró al noble Osiris como nuevo jerarca y se retiró a Nun en su barca del medio día para abordar su barca nocturna, y así combatir a Apofis durante la oscuridad para que no se comiera la luz y volviera a convertirlo todo en tinieblas.

En esta historia Ra fue el primer jerarca de la humanidad, pero Osiris fue el primer faraón de Egipto, porque a su otro nieto, Seth, héroe de mil batallas, le había cedido las amplias tierras arenosas que antes habían sido un enorme vergel, con la esperanza de que este les diera vida de nuevo, no lo hizo y esa es harina de otro costal.


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